Samanta Castellanos

Respuestas de foro creadas

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  • #13987
    Samanta Castellanos
    Participante

    Para mí, nutrir la vida no tiene que ver solamente con comer, sino con todo lo que nos atraviesa como personas: el cuerpo, la mente y el ambiente en el que vivimos. Con el tiempo fui entendiendo que el bienestar físico está muy ligado a la relación entre el intestino y el cerebro. Muchas veces se habla del intestino como un “segundo cerebro” porque participa en la producción de serotonina, que influye en cómo nos sentimos. Por eso siento que cuando elijo alimentos con fibra y nutrientes, como frutas, verduras o granos, no solo estoy alimentando el cuerpo, sino también ayudando a mi equilibrio emocional. A eso trato de sumarle hábitos que sé que hacen bien, como dormir lo suficiente, moverme y sostener cierta rutina en las comidas.

    También aprendí que nutrirme emocionalmente no significa restringirme ni exigirme perfección, sino escuchar lo que mi cuerpo me pide. Intento prestar atención a cuándo tengo hambre real y cuándo, en cambio, estoy buscando comida para tapar emociones. No siempre es fácil, pero trato de trabajar más en cómo gestionar lo que siento que en usar la comida como escape.

    Además, cada vez valoro más el entorno en el que vivo y las decisiones cotidianas que lo rodean. Poner límites, respetar mis tiempos de descanso, desconectarme un rato de las pantallas y cuidar mis vínculos son cosas que noto que influyen muchísimo en cómo me siento. Entiendo que la salud no depende solo de uno mismo, sino también de las condiciones sociales y económicas que nos rodean. Por eso hoy veo el bienestar como algo integral: construir una vida donde estudiar o trabajar sea importante y satisfactorio, pero sin que eso sea lo único que me defina ni lo único que me haga sentir bien.

    #13983
    Samanta Castellanos
    Participante

    Receta de Budín vegano de banana que realizo todas las tardes para comer con mi hija que le encanta.
    Para prepararlo necesitás dos bananas maduras, media taza de azúcar, un tercio de taza de aceite (puede ser de girasol o de coco), una taza de harina leudante (o harina común con una cucharadita de polvo de hornear), media taza de leche vegetal, una cucharadita de esencia de vainilla y, si querés, podés agregar nueces, chips de chocolate, pasas o coco rallado.
    Primero tenés que precalentar el horno a 180 grados. Mientras tanto, pisá las bananas en un bowl hasta que queden bien hechas puré. Después agregá el azúcar, el aceite y la vainilla, y mezclá bien todo. Incorporá la leche vegetal y volvé a mezclar. Luego sumá la harina de a poco e integrá suavemente hasta que no queden grumos. Si decidís usar algún extra, este es el momento de agregarlo.
    Volcá la preparación en un molde previamente aceitado o forrado con papel manteca y llevá al horno durante aproximadamente 35 a 45 minutos. Para saber si está listo, podés pincharlo con un palillo, si sale seco, ya está. Por último, dejalo enfriar antes de desmoldar y servir.

    #13979
    Samanta Castellanos
    Participante

    En mi experiencia fui probando distintos reemplazos vegetales para usar en la cocina en lugar de ingredientes de origen animal. Con el tiempo encontré varios que me resultaron prácticos y que siempre recomiendo cuando alguien me pregunta. Por ejemplo, me gusta preparar leches vegetales caseras de avena, almendras o soja porque me sirven para un montón de cosas, desde licuados hasta salsas o tortas. También suelo usar semillas de chía o lino hidratadas cuando necesito reemplazar el huevo en recetas de panadería o repostería, porque ayudan a que todo se una bien.

    Otra opción que uso bastante es el yogur vegetal, que queda muy bien en postres o preparaciones cremosas. Para bizcochuelos y galletitas, muchas veces agrego puré de banana o de manzana, ya que aportan humedad y textura, y además así puedo poner menos azúcar. Hace poco descubrí la leche condensada de coco y la verdad me encantó, sobre todo para postres fríos o helados caseros.

    A mí me gusta compartir estas alternativas porque siento que no solo ayudan a adaptar recetas de siempre, sino que también suman nutrientes, variedad y opciones diferentes para comer. Además, varios estudios dicen que una alimentación basada en plantas, si está bien organizada, puede cubrir perfectamente lo que el cuerpo necesita. Por eso creo que ir incorporando estas ideas en la cocina es una forma linda de ampliar lo que comemos, hacerlo más variado y también más consciente con el ambiente.

    #13975
    Samanta Castellanos
    Participante

    Elegí el tema 3 porque entiendo que el animalismo invita a replantear nuestra relación con el ambiente y con lo que comemos. Reducir el consumo de alimentos provenientes de animales ayuda a disminuir la tala de bosques, baja la contaminación y contribuye a preservar la fauna. Incorporar más alimentos vegetales en la dieta no solo permite usar de manera más responsable el suelo y el agua, sino que también implica respetar a los animales evitando su sufrimiento en producciones intensivas.

    De todos modos, que estas decisiones sean realmente sostenibles depende de las formas de producción y del origen de los alimentos. Dar prioridad a productores cercanos, elegir productos de temporada y adoptar hábitos como evitar tirar comida resultan fundamentales. En lugares como Santa Fe, esto implica apoyar la producción agroecológica de legumbres y hortalizas, lo que favorece tanto a la economía local como al cuidado del entorno natural.

    #12939
    Samanta Castellanos
    Participante

    Elegi el Temario 2: Bienestar

    Uno de los puntos más importantes de este módulo es entender la diferencia entre dos ideas: el Bienestar Animal como ciencia y el bienestarismo como postura ética.

    La ciencia del Bienestar Animal busca estudiar de forma objetiva cómo se sienten física y emocionalmente los animales. En cambio, el bienestarismo acepta que se usen animales siempre que no sufran «más de lo necesario» (Pezzetta, 2023).

    Por otro lado, hay formas de pensar, como el biocentrismo o el ecocentrismo, que proponen dejar de mirar a los animales solo por lo útiles que son para los humanos. Según el Dr. Donald Broom, un experto en este tema, los animales pueden sentir placer y dolor, por lo tanto, su bienestar no puede medirse solo por cuánto producen, sino por si pueden vivir de acuerdo a su naturaleza (Broom, UBA, 2023).

    Desde esta mirada, la pregunta ¿qué es un animal? no se responde solo desde la biología. También tiene consecuencias éticas importantes. El módulo explica que un animal es un ser que siente, que tiene personalidad, emociones, y una forma particular de relacionarse con su entorno. Reconocer esto significa entender que los animales no son cosas, sino seres vivos con valor propio, como dice el filósofo Tom Regan. Por eso, merecen un trato justo.

    Este cambio de mirada influye mucho en la ética. Cuestiona el especismo, que es discriminar a los animales solo por no ser humanos. También pone en duda prácticas comunes como la ganadería intensiva. El filósofo Peter Singer dice que si lo que importa es la capacidad de sentir, entonces no es justo hacer sufrir a los animales solo porque son de otra especie.

    Si miramos los tres temas del módulo juntos, se entiende mejor cómo cambiar nuestra idea sobre los animales también nos lleva a repensar nuestras acciones, tanto personales como colectivas. No se trata solo de darles mejores condiciones a los animales que usamos, sino de preguntarnos si está bien usarlos en primer lugar.

    Pensar desde una visión no antropocéntrica (es decir, que no pone al ser humano en el centro de todo) no solo cambia cómo vemos a los animales, sino también cómo nos vemos a nosotros: como parte de un mundo compartido con otros seres que sienten y merecen respeto, no por lo que nos dan, sino por lo que son.

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